Desarrollo del Propio Potencial

por Lic. Tobías Holc

Los seres humanos, como cualquier otro ser vivo, desarrollamos nuestro potencial, aquello que “somos”. En las Mitologías encontramos un mundo de divinidades que representan nuestras aspiraciones. Actúan como una encarnación del Deseo y sus sucesivas representaciones y visualizaciones, sean en el campo de lo “real” o en la vida onírica, tienen como finalidad promover el movimiento hacia esas fuerzas. Así, el varón tiene dioses que representan al Guerrero, al Sabio, al Amante y al Rey-Padre. Para la mujer también la Guerrera, la Amante, la Sacerdotisa, la Reina–Madre.

Estos atributos, a los que llamamos Existenciarios Arquetípicos, constituyen la Voluntad de Poder propia de la especie humana y de la vida en general. En la naturaleza de las cosas está el ser habitada por dos fuerzas tensionales antagónicas y complementarias a la vez: lo Ying y lo Yang, positivo y negativo, masculino y femenino, son fenómenos tanto observables como vivenciados. El mundo de los dioses arquetípicos, lo alto, sintoniza con otra fuerza que le es propia y que la balancea y regula: el mundo de lo bajo. Así la belleza es “una” con la fealdad, lo sabio con lo tonto, lo amante y caliente con lo asexuado y frío, el orden con el deseo infantil y narcisista.

En tanto humanos, estamos constituídos por fuerzas normóticas y no normóticas. Las normóticas son aquellas que nos adecuan, nos adaptan a los modos sociales vigentes según cada cultura, a lo civilizado que vive en cada uno de nosotros. Se corresponde con el super Yo Freudiano. Las no normóticas corresponden al puro instinto, a lo salvaje que vive en cada uno de nosotros, al mundo del Ello Freudiano.

Estas cuatro variables, las divinidades, el mundo de lo bajo, lo normótico y lo instintivo, a su vez semejantes y disímiles, necesitan ser reconocidas y ordenadas para tomar de su fuerza en su medida.

Los reguladores normóticos, el super Yo, han sido y son necesarios para una vida civilizada, no gregaria. La regulación como ley no aceptada – período adolescente — provoca una persistente rebeldía y tensión crónica. La aceptación por obediencia y temor de lo normótico provoca también la reacción de su contrario, el mundo de los instintos, y establece una tensión crónica.

La Conciencia que regula estas fuerzas humanas nos permite la construcción del Adulto, allí donde todo convive en armonía.

Toda fuerza ES y tiene su sentido de ser, la exclusión de cualquier aspecto de la vida sólo refuerza la insistencia de ser reconocida y de pertenecer. Todo lo que se reprime persiste y quiere ser integrado al todo para lograr su Buena Forma según los principios de la Gestalt.

La construcción del adulto responsable es una tarea pedagógica y terapéutica insoslayable para el qué hacer humano.

Los Arquetipos pertenecen al llamado Inconciente Colectivo y los encontramos desplegados en la sociedad humana y específicamente en la Familia Ancestral, lugar donde encontramos proximidad para las identificaciones y aprendizaje, para tomar fuerza de nuestra variada consanguineidad.

Lic. Tobías Holc

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